La resistencia contraataca: la nueva crisis del siglo XXI

En las últimas décadas, la especie humana viene perdiendo un sinnúmero de batallas contra un enemigo peculiar. En esta guerra bacteriológica, un científico peruano realizó un estudio de gran impacto en la literatura médica mundial. Le explicamos aquí qué es la evolución bacteriana y en qué consiste la última gran arma contra la resistencia antibiótica.

George Simons

La resistencia antibiótica afecta hoy en día a todas las personas desde Bangladesh a Lima, de Ciudad del Cabo a Estocolmo. Estamos en una guerra de otro mundo, un mundo microscópico, en la que los enemigos son minúsculos y omnipresentes. Sucede que microorganismos como las bacterias, hongos, virus y algunos parásitos, han venido desarrollando mecanismos de defensa que evitan la acción de los antibióticos tradicionales. En otras palabras, los remedios dejan de funcionar frente a infecciones que antes podían ser tratados con total facilidad. La resistencia antibiótica afecta con mayor frecuencia a los más vulnerables, a quienes viven en condiciones de hacinamiento y, en especial, a los enfermos más débiles en los centros de salud, pacientes de HIV, de tuberculosis; la resistencia antibiótica potencia todas las enfermedades.

De acuerdo a un informe del Banco Mundial de fines del 2016, si hoy al año mueren por resistencia a los medicamentos casi medio millón de personas, para el 2050 podrían causar la muerte de más de 10 millones de personas cada año. Mataría a más personas que el cáncer. Para entones la inacción equivaldrá a una caída anual del Producto Interno Bruto mundial de al menos 1,1% y, en el peor escenario, podría llegar a 3,8%, el equivalente a la crisis financiera del 2008. En la región solo tres país tienen un plan nacionales de acción contra la resistencia antibiótica, Argentina, Estados Unidos y Chile.

De acuerdo con el bacteriólogo peruano Pablo Tsukayama, doctor en microbiología molecular por la Universidad de Washington, en San Luis, EE.UU, la amenaza real tiene dos frentes:

“Estamos cada vez más expuestos a resistencias antibióticas, en efecto, cada vez son menos los antibióticos que sirven. Segundo, la industria farmacéutica dejó de investigar nuevos antibióticos a fines de los setenta”.

 

El éxito del enemigo

Desde otra perspectiva, la resistencia es un proceso de selección natural existoso. Es un ejemplo de evolución, de superviviencia, de comunicación organizativa y de adaptación. Esto significa que las bacterias están mejorando en lo que hacen, en tanto que la especie humana y la industria farmacéutica no. Me explico: en 1959 se desarrolló la meticilina, un tipo de antibiótico fuerte para contrarrestar las resistencias que emergieron en el mundo de las bacterias contra el primer antibiótico moderno, la penicilina, (descubierta por serendipia en 1929 por Alexander Fleming). En menos de un año, en 1960 las bacterias evolucionaron y devinieron más poderosas, como el Staphylococcus aureus resistente a meticilina (SAMR). Ésta ofensiva sucedió en la época dorada de los antibióticos, paso desapercibida.

Para fines de los setenta se habían desarrollado alrededor de 150 tipos de antibióticos. Millones de vidas fueron salvadas de infecciones que hoy parecen comunes como la neumonía, la tuberculosis o la malaria. (De hecho, la cuarta vítima mortal atribuida a la resistencia antibiótica fue un militar en reserva británico Albert Alexander. Ese día de invierno de 1940, hacía jardinería cuando la espina de una rosa arañó su mejilla. El 15 de marzo de 1941 moría tras habérsele infectado la herida con dos poderosas bacterias Staphylococcus y Streptococcus). Asimismo, los antibióticos pavimentaron el camino al trasplante de órganos, entre otras intervenciones complejas en las que es necesario desinfectar a profundidad el entorno.

El impulso del ‘fármaco maravilla’, como se le llamaba en las campañas publicitarias, viene de los esfuerzos por mitigar los estragos de la II Guerra Mundial en uno y otro bando. Pero sin las necesidades de la guerra, las grandes farmacéuticas dejaron de producir nuevos antibióticos. Según un estudio liderado por el doctor Gautam Dantas profesor de inmunología y patología del Colegio de Medicina de la Universidad Washington, a fines de los setenta se habían desarrollado más de 150 tipos de antibióticos, mientras que entre 1983-1987 se desarrollaron tan solo 16 variaciones de los medicamentos ya existentes. Finalmente, entre 2008 y el 2012 se desarrolló nada más que un nuevo antibiótico.

Las placas de la izquierda son aún susceptibles a los antibioticos. Placa derecha, enterobacteria resistante al carbapenémicos que probó ser resistente a todos los antibióticos existentes.

La industria farmacéutica prefirió priorizar enfermedades crónicas no trasmisibles. Estas son más rentables porque se usan diariamente, en tanto que los pacientes que consumen antibióticos lo hacen unas pocas veces al año. Las enfermedades crónicas no trasmisibles son más comunes en países industrializados, donde hay más dinero destinado a investigación e innovación, y menos interés en las enfermedades infecciosas, que son más comunes en países en vías de desarrollo.

Curiosamente, si bien las poblaciones deprimidas son las más vulnerables, eso no significa que los más favorecidos, aquellos que viven en una sociedad desarrollada, una sociedad de bienestar en la que se invierte considerablemente más en salud pública, están a salvo de la resistencia. Infame es el caso de Guillaume Depardieu, el hijo del actor francés Gerard Depardieu. Guillaume Depardieu, a los 24 años, tuvo un accidente en moto en 1995 que requirió 17 intervenciones quirúrgicas; en alguna de ellas adquirió una infección por el Staphylococcus aureus resistente a meticilina. Tuvieron que amputarle la pierna, y posteriormente, en el 2008, murió “después de haber contraído un virus que ha provocado una pulmonía fulminante al volver de un viaje a Rumanía”, informó la familia a través de un comunicado publicado en Le Parisienne.

Desde entonces, el actor ha financiado numerosos estudios para apoyar casos como el de su hijo, víctimas de infecciones nosocomiales. Además, Guillaume Depardieu creó una fundación que lleva su nombre y cuyo fin es recoger y asesorar a pacientes de enfermedades contraídas en clínicas y hospitales con el fin de ayudar a las víctimas de infecciones contraídos en centros de salud.

Paradójicamente, uno de los principales focos de propagación de resistencia antibiótica son los mismos lugares ue deben velar por la salud de los pacientes. Cabe resaltar que no siempre tiene que ver ello con negligencia humana, viene con las reglas de la guerra. Pasa que los hospitales y clínicas concentran en un espacio reducido muchas personas enfermas o vulnerables, muchos instrumentos, que no siempre son esterilizados correctamente, así como la ropa de cama o uniformes del personal médico no siempre son lavados o desinfectados al 100%; recuerde que estamos tratando con microrganismos y que entre ellos, los que encontramos en los hospitales y clínicas, son los patógenos más recios y nocivos que hay.

En efecto, los centros de salud son el hábitat idóneo para que las bacterias patógenas, aquellas que causan enfermedades infecciosas, evolucionen, muten y se organizen para hacer frente a los armas más mortíferas del arsenal humano, los antibioticos más potentes y movidos por la única regla vital en esta guerra de otro mundo y, sin embargo, es el mismo por la que instintivamente quitamos la mano del fuego: sobrevivir.

Infecciones y epidemias cercanas

Si bien en los hospitales las bacterias resistentes pueden hacerse más poderosas y devenir en multiresistentes (resistentes a varios o todo tipo de antibiótico) con mayor facilidad, la especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad Cayetano Heredia, la Dra. Coralith García Apac, sostiene que habría más personas con infecciones resistentes, aunque menos severas, en la comunidad que en los centros de salud. Le preguntamos cuáles son las infecciones resistentes más frecuentes en Perú 

Dra. Coralith García Apac: Aproximadamente el 50% de mujeres tendrá al menos una infección urinaria en su vida. Actualmente el 30% de infecciones urinarias en personas que no han estado hospitalizadas es producido por la Escherichia coli  resistentes a diferentes grupos de antibióticos. En dos centros de salud revisamos las recetas de los pacientes que fueron vistos por una infección urinaria, y encontramos que el 55% de médicos había prescrito una fluoroquinolona, siendo el antibiótico más “popular”. Pero si se revisa el porcentaje de resistencia de la bacteria Escherichia coli que produce más del 80% de infecciones urinarias, resulta que más del 50% son resistentes a fluoroquinolonas. Asimismo, en los hospitales nacionales, la Pseudomonas aeruginosa, que es un agente muy común en neumonía, muestra niveles de resistencia de más del 50% a por lo menos 3 familias diferentes de antibióticos.

George Simons: ¿Se posible la propagación de una epidemia de superbacterias?

Dra. Coralith García: Se dieron dos casos en dos prisiones de Uruguay en el 2003 en el que se detectó Staphylococcus aureus resistente a meticilina (SAMR). En el Perú existen brotes en las unidades de cuidados neonatales. El último fue en Iquitos en marzo del año pasado, fue por una enterobacteria resistente. Lo malo es que estos brotes no se estudian de manera completa.

El estudio que faltaba

Existían estudios sobre resistencias antibióticas en dos extremos opuestos de la población humana: por un lado, EE.UU, Reino Unido, entre otros países industrializados y, por otro lado, estudios realizados en tribus subsaharianas o amerindios; en ese extremo, por llamarlo así, existían estudios médicos de resistencia antibiótica en tribus no contactados y de momias. Pasa que las bacterias y los genes de resistencia a los antibióticos en la naturaleza han existido en la naturaleza desde mucho antes que la especie humana. En el norte de Sudán y en Egipto, por ejemplo, se han encontrado huesos humanos fechados alrededor del 350-550 antes de Cristo, con rastros de tetraciclina, un antibiótico natural. Y en abril del 2015 se publicó un trabajo de la Universidad de Alberta de Canadá que aseguraba haber encontrado resistencia antibiótica en una tribu de no-contactados en la selva de Venezuela, los Yanomami.

Sin embargo, no existían estudios dedicados a personas que viven en sociedades en vías de desarrollo utilizando la última tecnología. La utilidad de un estudio así estriba en que las características de esa franja de la población humana se puede extrapolar a las miles de millones de personas en el mundo. ¿Cuáles serían estas características?, personas que viven en comunidades donde hay acceso a antibióticos pero su venta no es correctamente regulada y se pueden acceder a ellos sin receta médica, donde no hay servicios adecuados de agua y saneamiento, donde se vive en condiciones de hacinamiento, muchas veces con animales dentro de la casa y en la que no existen regulaciones sobre la ingesta de antibióticos en la industria alimentaria.

El estudio del bacteriólogo peruano doctor Pablo Tsukayama llenó este vació y descubrió lo que muchos especialistas temían: que las poblaciones de bacterias comensales y ambientales, microrganismos que no causan enfermedad en el humano y que constituyen la gran mayoría de organismos sobre la superficie de la Tierra, y están dentro de nuestra propia flora intestinal inclusive, también pueden intercambiar genes de resistencia con patógenos, es decir, bacterias que sí causan enfermedades en el humano. La transmisión de genes de resistencia entre humanos y su entorno es mayor cuando se vive en condiciones de hacinamiento, escasez de agua y saneamiento inadecuado, como es el caso de muchas familias en el Perú.

George Simons: Esto significa que la propagación de resistencia antibiótica puede ser mucho más alta que la esperada y, por tanto, el riesgo es mayor. Además, compararon los resultados con un estudio previo realizado en comunidades rurales en la Sierra, grupos indígenas aislados en la Amazonía peruana y un grupo control en EE.UU, ¿qué lograron de dicho constrate?

Dr. Pablo Tsukayama: Constatamos que los vecinos en comunidades de la periferia de Lima como en los barrios de San Juan de Miraflores, contienen en su flora intestinal tres a cuatro veces más genes de resistencia que cualquier otro grupo humano investigado a la fecha. También pudimos identificar los lugares donde este intercambio de genes de resistencia ocurre con mayor frecuencia, en baños muy precarios, especialmente en las letrinas, así como en las plantas de tratamiento de desagüe.

En efecto, el estudio pone de manifiesto la ubicuidad de la amenaza. Ubicuo, palabra que la Real Academia de la Lengua atribuye en su primera acepción a Dios, y solo en sentido figurado o como un deseo se aplica a hombres y mujeres (“el ubicuo parroquiano de todos los bares del centro”). Al parecer las bacterias están más cerca de esa cualidad divina que nosotros. La gran amenaza viene de monstruos minúsculos, organismos omnipresentes que han logrado sortear las armas antibióticas más mortiferas del arsenal humano; ¿y todo esto porque las industrias farmacéuticas dejaron complacientemente a un lado ese librito de Darwin titulado El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida y se abandonaron hedonísticamente a las leyes del libre mercado? El problema es ciertamente más complicado.

Laboratorio del Center for Genome Science & System Biology de la Washington University in St Louis.

Una salud, humanos y animales

El problema es multisectorial y de escala mundial. En cuanto al Perú, actualmente no se cuenta con cuantificaciones globales del consumo de antibiótico en el Perú (pero como este es un blog, y una nueva manera de hacer periodismo, en el futuro cercano actualicemos la nota con las respectivas cuantificaciones). Habría que retroceder hasta el 2007 para conseguir información sistematizada en el Perú sobre resistencia antibiótica.

Recién después de la reunión de la Asamblea General de la ONU en setiembre del 2016, el Ministerio de Salud del Perú convocó a especialistas con el fin de elaborar un Plan Nacional de Acción para la Prevención y Control de la Resistencia Antimicrobiana precisamente para actualizar eldocumento del 2007, entre otros objetivos. Se trata de un grupo multisectorial, compuesto por varias direcciones y ministerios en el que las expectativas se centran en el Ministerio de Agricultura y Riego, que es la institución encargada de normar el consumo de antibióticos en la cría industrial de animales.

Sucede que ya a fines de los años cuarenta, buscando una proteína que haga crecer industrialmente a los animales destinados al consumo humano, los científicos descubrieron que los antibióticos lograban hacerlos crecer de manera más rápida y a un menor costo de producción. Sólo en EE.UU se estima que el 80% de los antibióticos producidos se utiliza en la cría industrial de animales.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura calculó al 2016 que se utilizarán 60,000 toneladas de antimicrobiales por año en la cría industrial de animales, una cifra que aumentaría por la creciente demanda de ese tipo de productos. ¿Por qué?, porque la población mundial crece exponencialmente. En cuanto al Perú, el consumo de antibiótico para el crecimiento de los animales, según el reciente estudio de cálculo por computadora del investigador postdoctoral de la universidad de Princeton Dr. Thomas P. Van Boeckel, Tendencias globales en la industria alimentaria, proyecta un incremento del 64% en el uso de antibióticos en la cría de animales en país contemplando escenarios moderados.

Los especialistas consultados coinciden al enfatizar la importancia de normar el consumo de antibióticos en la cría industrial de animales debido a que la salud de los humanos está íntimamente relacionada con la salud de los animales que les sirve de alimento. Salvo por Argentina, el único país en América Latina que ha realizado estudios sobre el consumo de antibióticos en la industria alimentaria y se normado el tema, en América Latina no existe ningún país otro país que cuente con regulación. Precisamente, la posibilidad de un acuerdo global que regule su uso en la agricultura fue uno de los puntos que no fue abordado en la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Se trata pues de un tema espinoso porque implica una disminución en la producción y en el abastecimiento de comida a las ciudades.

Son muchas las similitudes entre el cambio climático y la resistencia antimicrobiana: son problemáticas que involucran varios sectores de la economía a nivel mundial cuyas prácticas por nocivas que puedan llegara a ser son necesarias o imprescindibles para nuestro modo de vida tal y como lo conocemos. El peligro es inminente y cada uno de los que lee esta línea, sea en Timboctú o en la península de Samaná, en mayor o menor medida, está siendo afectado sin saberlo. Son necesarias respuestas globales.

El uso indiscriminado de antibióticos se debe a la idiosincrasia casi universal de que el fármaco una vez consumido aliviará el malestar. El efecto plascebo. Por otro lado, el doctor se siente más efectivo dándole al paciente lo que espera. “Muchas de las veces la infección no lo amerita pero igual se receta. Eso sucede con las infecciones respiratorias altas, como resfríos, faringitis”, explica la Dra. Coralith. “Asimismo, contin{ua la especialista, hay una inconsistencia entre la evidencia de la resistencia en infecciones urinarias y los antibióticos para tratarlas; y estamos hablando de la infección bacteriana más frecuente”.

Otras veces se recetan antibióticos sin haber realizado análisis de sangre y heces. Esto puede tardar unos días, pero el paciente busca una solución inmediata. Enfermedad se traduce en ausencia laboral y ello eleva los costos del malestar físico y emocional.

Además, en la práctica también hay que contar las agresivas campañas de marketing de las farmacéuticas por medio de las cuales buscan fidelizan a los doctores para que receten sus antibióticos y no otros. Llegan a ofrecer viajes a cruceros o congresos en hoteles all inclusive. La Declaración Davos pretende poner fin a estas prácticas y normar el impulso comercial que tienen los antibióticos. Se trata de un compromiso firmado en enero de este año por un centenar de compañías de la industria farmacéutica como Pfizer, Johnson & Johnson, Merck & Co, Sanofi, en la que se comprometen a la creación de un mercado sostenible y responsable tanto para antibióticos, vacunas y diagnósticos. De hecho, el compromiso fue promovido por  la ONU, G7, G20 entre otros organismos multinacionales.

Gracias a la reunión de la Asamblea General de la ONU del pasado setiembre del 2016 (que en el Perú pasó desapercibida debido a que ese mes con el triste caso de corrupción del ex asesor presidencial en temas de salud Carlos Moreno) los gobiernos se ven conminados a invertir en el desarrollo de nuevos fármacos y establecer protocolos de prevención de enfermedades. El Reino Unido y China han prometido US$72millones a un nuevo Fondo Global de Innovación. Ello resulta poco ya que según cálculos del Banco Mundial se necesitarían unos US$9’000 millones anuales en salud veterinaria y humana para abordar apropiadamente la problemática a nivel mundial.

La contraofensiva

De cara al Plan Nacional de Acción para la Prevención y Control de la Resistencia Antimicrobiana, estudios como el del bacteriólogo peruano Pablo Tsukayama sirven para diseñar intervenciones de salud pública dirigidas a reducir la transmisión de patógenos y la resistencia a antibióticos y, en efecto, para lograr conservar la eficacia de estas medicinas por unos años más. Añade el Dr. Tsukayama:

“Suena elemental, pero nuestro estudio refuerza la idea que una de las maneras más eficientes de reducir la transmisión de enfermedades es el lavado adecuado de las manos con agua y jabón, especialmente después de utilizar el baño, después de cambiar los pañales del bebé y antes de preparar alimentos en la cocina”.

Los especialistas consultados coinciden en que no basta con pensar solo en desarrollar nuevas medicinas. La innovación debería enfocarse también en la creación de nuevos métodos de análisis de heces y de sangre que sean más rápidos, menos caros y con el objetivo de obtener diagnósticos más rápidos.

Finalmente, la última ofensiva registrada en lo que va del año contra la resistencia vino de un grupo de investigadores del hospital St Boniface de la Universidad de Manitoba en Winnipeg, Canadá, desarrolló el primer antibiótico en 30 años. Se llama PEG-2S e inhibe el sodio llamado NQR (por sus siglas en inglés). Combate dos de los 12 superbichos que figuran como prioridad en la lista de la Organización Mundial para la Salud,a saber, la Pseudomonas aeruginosa Neisseria gonorrhoeae. Además, podría aniquilar el cólera y la fiebre tifoide, informó la cadena de noticias canadiense CTVNews. El Dr. Grant Pierce, director ejecutivo del Hospital St Boniface, sostuvo que tardará unos cinco a 10 años en llegar al público.

 

**Photos of superbugs were produced by the National Institute of Allergy and Infectious Diseases (NIAID) using digitally-colorized scanning electron microscopic (SEM). David Dorward.

*Fotos del laboratorio del Center for Genome Science & System Biology de la Washington University in St Louis a cargo del Dr. Pablo Tsukayama.

Otras fotos a cargo de James Gathany.

One Reply to “La resistencia contraataca: la nueva crisis del siglo XXI”

  1. ES UN INTERESANTE TEMA Q SE VIVE DIA A DIA EN NOSOCOMIOS Y EN LA COMUNIDAD, DEL CUAL EL PERU COMO ESTADO RECIEN RECONOCE EL TEMA Y TRATA DE ABORDARLO CUENDO YA HA COBRADO MUCHAS VICTIMAS. ES UN COMPROMISO DE TODOS Y UN CAMBIO DE RAIZ, DESDE LA POBLACION QUE CON ACCIONES TAN SIMPLES COMO UN LAVADO DE MANOS Y DEL PERSONAL DE SALUD QUE COMO EL USO ADECUADO DE LOS ANTIMICROBIANOS Y LAVADO DE MANOS ANTES Y DESPUES DE TRATAR A UN PACIENTE, UNA NORMATIVA QUE RESTRINJA EL USO DE ANTIMICROBIANOS EN LA INDUSTRIA AGRICOLA Y GANADERA ….CONSTITUYEN ALTERNATIVAS DE SOLUCION QUE EL ESTADO DEBE ADOPTAR PARA CONTRARESTAR ESTA PROBLEMATICA MUNDIAL.

Comments are closed.