El Velázquez Desaparecido

La vida que anima las obras de arte es la obsesión que produce en los espectadores. El Velázquez desaparecido de Laura Cumming es la historia de un lienzo perdido y de las diferentes obsesiones trágicas, detectivescas, eruditas, terapéuticas, que giran alrededor de una pintura desaparecida del gran maestro de la pintura española.

Es el retrato de Carlos I de Inglaterra, entonces, príncipe de Gales. Viste de negro. Tiene el rostro anguloso, joven (solo 22 años) y una barba incipiente que se dejó crecer durante el viaje a Madrid que en 1623 realizó por amor. Cummings cuenta este viaje en una mirada rápida al Alcázar, la política del Conde Duque y la corte de Felipe IV, así como las mataperradas del duque de Buckingham, George Villiers.

El objetivo del viaje era obtener la mano de la infanta María Ana de Austria (1606-1646), y fue un desastre. En efecto, lo único bueno que sale de este viaje es el retrato de un joven Carlos I (1625-1649). Pero Cumming no llega a sintetizar las circunstancias históricas ni los intríngulis diplomáticos ni el meollo de la aventura. Su compatriota e hispanista John H. Elliot ha escrito unas páginas divertidísimas al respecto. En el capítulo VI de su monumental obra El Conde-Duque de Olivares (Editorial Critica) está este fragmento genial del pequeño terremoto diplomático que supuso la aventura madrileña: «Gondomar (responsable de la diplomacia española en Inglaterra), que gustaba de tomarle el pelo a Olivares por su anglofilia, le preguntó: “¿Qué trae V.S por acá a esta hora, y tan placentera, que parece que tiene al Rey Inglaterra en Madrid? El de Gondomar respondió: “Que no el rey, al menos está el príncipe”. Olivares corrió a los aposentos del rey y…».

El libro de Cumming no es académico. De hecho, se echan de menos algunas referencias a ciertas afirmacioneshistóricas de la autora; o tal vez sea un gusto personal por las notas a pie. Tampoco es una novela. Es una obra de no ficción; es decir, a pesar de los recursos literarios empleados (descripciones y reconstrucciones de circunstancias históricas, técnicas narrativas como escenas comunicadas…), el compromiso de Cumming con el lector es filtrado por la realidad histórica sobre la que mucho debate hay aún entre especialista. Sea como fuere, Cumming narra algo que sucedió realmente. Ahora, ¿habrá sido un Velázquez auténtico?

John Snare (1811-1883), un librero del pueblo inglés de Reading, adquiere en 1845 un retrato atribuido a pintor londinense Van Dyck (1599-1641) por ocho libras. En esa época no existían los museos públicos y pocas personas veían obras de arte fuera de las iglesias y la corte. No es la historia detrás del cuadro, sino la historia de la obsesión que suscitó en Snare el retrato de Carlos I y las vicisitudes en su aventura por autentificarlo como un Velázquez.

La estrategia narrativa de Cumming es lo suficientemente rigurosa como para darle vida a una trama que sucede a medio camino entre el siglo XVII y el XIX. Cumming abre el libro anclando una historia personal en la trama: el duelo, la muerte de su padre, pintor, John Cumming. Finalmente, es Velázquez el pintor a través del cual Cumming se reconciliará con la pintura y también con la memoria de su padre —aunque solo tímidamente lo sugiere—.

A continuación articula las dos tramas o estructuras narrativas, separadas por 300 años, utilizando el recurso de episodios intercalados. Por un lado, es una introducción al arte de Velázquez, un breve vistazo al contexto de la corte de Felipe IV o, lo que es lo mismo, el contexto en que el retrato de Carlos I de Inglaterra fue concebido. Por otro lado, narra los esfuerzos de John Snare a mediados del siglo XIX para autentificar un lienzo y cómo en esa obsesión llega a realizar locuras divertidas. Finalmente, abandonó a su esposa y a sus cuatro hijos y se marchó a Nueva York. Es en el MET de Manhattan donde finalmente se exhibe por última vez el lienzo y desaparece.

Laura Comming ha desarrollado su vida profesional como periodista en Londres. Trabajó en la BBC. Fue editora de la sección de arte en la revista New Statesman. Desde 1999 es la crítica de arte de The Observer, un periódico de The Guardian que sale todos los sábados y aborda con más profundidad temas coyunturales.

Supongo que a los lectores españoles le sucederá algo similar que a un italiano leyendo a Kenzaburo Oe y sus interpretaciones de La Comedia. Es curioso encontrar este matiz en ciertos lugares del libro en los que describe el temperamento del español o ciertos aspectos de la cultura madrileña que perviven.

Cumming narra con erudición ligera y divertida un complejo capítulo en la historia del arte español (en caso de que fuera realmente un Velázquez; es esta la cuestión que la crítica especializada esgrime contra Cumming) referido a un cuadro del que solo se tienen noticias por los registros y las batallas de Snare. De hecho, cuenta que encontró el panfleto victoriano que hablaba del retrato del príncipe Carlos y John Snare de casualidad en una librería junto a un libro relacionado a la historia de Hawaii. «Gracias a esas casualidades los rastros de personas y de obras de arte se preservan».

*Esta reseña apareció en Ámbito Cultural

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